En estos meses tan convulsos que estamos viviendo por culpa de la que los expertos han definido como la peor crisis económica de los últimos setenta años, todos nos hemos vuelto muy catalanes. Me gustaría que la frase se entendiera con cariño. Recurriendo al injusto mundo de los tópicos.

Los habitantes de esa comunidad siempre se han caracterizado por su carácter práctico en el terreno económico y por su meticulosidad a la hora de realizar gastos. Ahora, toda España se encuentra en esa situación, porque la pela es la pela. Muchas empresas intentan salir a flote de cualquier forma. Cualquier opción es válida si con ella se consigue reducir costes. Incluso hay compañías que se han asociados con eternos enemigos de la competencia para conseguir algo de oxígeno. O incluso, los intocables directivos se han visto obligados a reducirse el suelo o a congelárselo.
No son tiempos de grandes beneficios estratosféricos o grandes blindajes salariales. Ahora se lleva el ahorro obligatorio, y las empresas, conscientes de su delicada situación financiera, están tomando medidas. En primer lugar, el mayor sufridor de la crisis ha sido el trabajador. Raro era el día en el que no salía en ningún medio de comunicación algún ERE que afectaba a cientos de personas. Sin embargo, todos estos despidos no parecen haber sido suficientes, por lo que es necesario nuevas medidas de emergencia. La estrategia es clara: hay que reducir cualquier gasto que pueda ser prescindible.
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Por: luismipalacios
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